BARBECHO

 

 

La tierra que se barbecha no es la que espera un milagro, no es la tierra mala que no se lleva con las raíces y que no deja que el fruto grane; la tierra que se barbecha, aquella a la que se da paciencia y pausa, es la mejor tierra de cada casa, la que puede pasar años en silencio para volver a hablar con la mejor cosecha. Y tras el barbecho, el fruto es más sabroso, como si la tierra pariera por vez primera y orgullosa nos diera la mejor versión de sus entrañas descansadas.

 

Como esa tierra generosa es este disco que tras tiempo de barbecho acerca Pedro Manuel a nuestras vidas, un disco que agarra a su voz como la raíz a la tierra y como la ternura a su garganta. Tiempo llevaba Pedro, como el sembrador que depende de lo que hagan las nubes, aguardando el momento exacto de volver a sembrar un sueño que parecía de él y ya es de todos, el sueño de cantar y cantarse, de soñar y soñarse...... Y aquí esta esa siembra. Barbecho se llama, como si más importante que la voz fuera el silencio que le precede, como si más importante que la luz fuera la oscuridad exactamente anterior, la más intensa, la más hermosa.

 

Y un disco que se llama Barbecho no puede hacer otra cosa que escarbar la tierra en la que echamos raíces para encontrarnos más con nosotros que con ellas; para que isas, folías, malagueñas, aires de lima, sorondongos o vivos sigan siendo la banda sonora de nuestros adentros, porque es hasta ahí donde se nos mete la voz de un Pedro Manuel capaz de darle dulzura a un agudo imposible, de sorprendernos cada día como si los oyéramos por vez primera y de poner sus propias palabras a su propia voz.

 

Y un disco que se llama Barbecho deja que las raíces cuarteen la tierra y empiecen  a ser tallo para ser tronco y para que en él Pedro Manuel talle con su voz única los nombres de quienes han venido descifrando nuesto paisaje canción, a la sombra del Nublo, junto a la Farola del Mar, al pie de Tamadaba o en cualquiera de las siete rosas en las que florecemos, y a raíces y tronco no les queda más remedio que echar ramas que convidan a su sombra, como brazos tendidos, las voces mágicas de Mariví Cabo y Luis Morera y las manos virtuosas de los músicos que tejen el lienzo sobre el que Pedro pinta. Y las ramas, que siempre crecen a la vista lo que crecen escondidas las raíces, nos acercan a una casa bella que siempre nos ha abierto la puerta y el horizonte. Y raíces, tronco y ramas acaban siendo flores: y la flor es Sofía, la pequeña luz que alumbra a papá cuando canta y que también tiene su canción, una canción con la que no querrá dormirse para no perdérsela. Y tras la flor, todos los esfuerzos se hacen fruto. Y el fruto es  Barbecho, una espera que se acaba; una espera que ha acrecentado nuestras ganas de decir  que aquí está el disco del cantador moganero, el de la voz imposible, la que tiene el color de su cielo y la hondura de sus barrancos; una voz que colorea un paisaje al que se parece mucho más de lo que ella misma cree.

 

Pedro Manuel nos convida a la infinita cosecha de quien la tierra barbecha para llenarla de vida. La semilla apetecida en nuestros adentros planta y como sembrando canta, la tierra, tras el barbecho, raíces abre en su pecho y flores en su garganta.

 

Yeray Rodríguez

 

 

Barbecho - Mix
00:00 / 00:00